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El nacimiento del Chupacabras, al menos en su edición moderna, se
remonta al mes de marzo de 1995, cuando los vecinos de los municipios de
Orocovis y Morovis en el interior de Puerto Rico descubrieron que los
animales de las granjas eran atacados de una forma sensiblemente diferente
a la habitual en los animales salvajes o en el hombre.
Conejos, pollos, cabras, etc. empezaron a ser encontrados totalmente
desangrados, apareciendo los cadáveres con un simple y pequeño
orificio, especialmente en la garganta.
La plaga se extendió por la isla rápidamente.
Las primeras descripciones del misterioso
asesino no aparecieron hasta seis meses después de la aparición
de la epidemia. Fue en septiembre cuando fue observado por Madelyne Tolentino,
una ama de casa de Canóvanas, al este de San Juan.
Ésta y otras observaciones paralelas
lo bautizaron en la zona como "El canguro" y "El conejo".
Las descripciones lo presentaron como una
horrorosa entidad semejante a un canguro con colmillos y con un abombamiento
en sus en sus ojos rojos y sus bocetos corrieron por toda la ínsula.
Y por gracia del ufólogo Jorge Martín,
a través de INTERNET, la imagen se extendió al resto de la
civilización.
Pero en Puerto Rico se iban sumando cadáveres
al guarismo del vampiro. Nuevos aterrorizados testigos hacían sus
descripciones y los artistas daban forma a sus palabras: humanoides, depredadores
de pata hendida y retorcidas gárgolas de catedral. El terror estaba
sembrado en las zonas rurales.
Las autoridades municipales organizaron unas
doscientas partidas para capturarlo. Sectores políticos reclamaron
una investigación oficial a un gobierno que ignoraba los gigantescos
hechos.
Algunos científicos señalaron
que los responsables debían ser monos, perros u otro animal exótico
que habite libremente en el país. Las necropsias no establecieron
un patrón único de muerte: traumas en el cuerpo,
infecciones bacteriales, perdida de sangre.
Pero los canovenses que decían haberlo
visto, estas teorías estaban muy lejos de la realidad: Yo
quisiera tener de frente a la gente que dice que el "chupacabras" es un perro o
un mono, que me les voy a reír en su cara. No hay quien me diga
que el monstruo ese que yo vi era real. Yo lo vi con estos ojos y no estoy
loco, señaló exaltado el pescador Luis Ángel Guadalupe.
El hombre narró que hace un par de
meses se encontraba pescando con su cuñado cuando de pronto "una
cosa horrible y con alas" se le presentó. Del susto el pescador
soltó lo que tenía entre manos y se fue corriendo.
Entonces nos persiguió a mí
y a mi cuñado hasta llegar a mi casa. Después de ese día
no lo he vuelto a ver.
Durante las primeras semanas de 1996, los ataques del chupacabras comenzaron
a menguar, pese a que las referencias de la prensa sobre su actividad no habían
disminuido.
Las temperaturas en esa época del año son frías con lo
que se pensó en una posible hibernación en las montañas
de la selva tropical de El Yunque, o en alguno de los muchos sistemas de
cavidades que hay en las isla, especialmente alrededor de Aguas Buenas,
a unos 50 kilómetros de San Juan.
Pero la tranquilidad no duraría mucho.
Las alas del maligno ensombrecieron de nuevo la vida de los portorriqueños.
A principios de marzo Arturo Rodríguez,
un granjero del Barrio Sumidero, en Aguas Buenas, notificó la pérdida
de 30 gallos luchadores y gallinas. Los animales tenían punzadas
en su garganta y en el cuerpo.
Se afirma que agentes del Departamento de
Recursos Naturales realizaron una investigación in situ.
El sábado 9 de marzo, un chico llamado
Ovidio Méndez estaba enterrando una gallina muerta cuando observó
un extraño ser de 1,20 de altura caminando a dos patas. Su cuerpo
era gris obscuro, poseía ojos alargados rojos, largos colmillos
y las manos en forma de garra. La policía no encontró nada.
De todas formas no todas las personas estaban
de acuerdo en que el Chupacabras fuera el responsable de las muertes de
los animales. Una mujer creía que su conejo había sido asesinado
por un perro.
Como suele pasar en estos casos, a falta de
una explicación que resulte suficientemente convincente, las especulaciones
comienzan a correr.
Así aparecieron sofisticados argumentos
sobre perros con un colmillo, un simio delincuente, inconfesables experimentos
genéticos y, cómo no, alienígenas. O el propio diablo
cuando uno de los testigos afirmó que la aparición estuvo
acompañada de un "olor fuerte a sulfuro".
También fue detenida una santera, acusada
de matar a los animales domésticos para sus ritos, pero es evidente
que no podía ser la causante de todas ellas. Se dijo que debían
ser diversos grupos Yoruba, pero lo cierto es que eso contradecía
la hipótesis oficial hasta el momento: monos o perros.
La matanza continuó en el Barrio Sumidero, especialmente en los
sectores de La Araña, La Vega y la Capilla donde centenares de animales
domésticos, pollos, patos, ocas e incluso algunas cabras, corderos
y vacas, fueron desangrados.
En uno de los ataques, además de las
muertes causadas, el agresor arranco de sus goznes una puerta metálica
de 4,8 metros por 4,2. Tal desproporcionada prueba de fuerza no hizo sino
aumentar el terror de los habitantes de la zona.
En esos momentos el fenómeno del chupacabras
ya había trascendido las fronteras insulares y se había extendido
entre las colonias hispanohablantes de Florida y Texas superando el ámbito
de lo paranormal hasta el punto de que abrieron restaurantes con tan pintoresco
nombre, un grupo música de salsa se apodaba "Los chupacabras" y
se concebían otros proyectos.
Internet también disponía de
su propio escenario en el World Wide Web. Los avispados comerciantes pronto
lanzaron sus camisetas y otros productos con el retrato robot del sangriento
devorador.
La bestia también inundó las
tiras cómicas y los escenarios comenzaron a tomarlo en consideración.
El caso más notable es el de México
donde las viñetas de sátira política han identificado
al antiguo presidente Carlos Salinas de Gortari como un auténtico
vampiro.
Diarios y revistas como The New York Times,
Time International, The Washington Post, El Diario la Prensa (Nueva York)
y Florida Today habían publicado artículos sobre los acontecimientos.
Canóvanas y su alcalde, José
"Cheno" Soto Rivera, organizador de las expedicionaes para capturar a la
fiera, habían sido inmortalizados por las cámaras de televisión
del continente.
En los estados norteamericanos, la historia
de este fabuloso canguro se ha mezclado con las del Diablo de Jersey, un
personaje procedente de la mitología indígena y cuya presencia
se denota en los últimos 260 años, contándose 2.000
supuestos testigos, siendo un clásico dentro de la zoología
fantástica o criptozoología.
Conforme crecía el alud en Puerto Rico,
aparecían nuevas especulaciones, generalmente gratuitas y a cual
más pintoresca.
Así el hermano Carmelo, un ejemplo
de los autotitulados como psíquicos, pontificaba que las mutilaciones
procedían de "una raza de vampiros que se complacen con la sangre
animal" y que sólo se puede terminar con ellos usando "un rayo láser
o una bala de plata".
Con sus dotes clarividentes afirmó
que estos seres no atacan a los humanos porque la sangre está demasiado
infectada de toxinas y de grasas...
Por su parte, un grupo ufológico de
corte fanático conocido con el acrónimo de NOVA indicó
que el chupacabras era una de las 20 criaturas que habían descendido
a la Tierra procedentes del espacio.
Su repugnante misión consistiría
en realizar experimentos con sangre humana con el objetivo de liberar perniciosos
virus como el VIH causante del SIDA. Este grupo paranoico se dedicó
a acosar a testigos e investigadores indicándoles que contaba con
el respaldo de "una organización secreta del gobierno".
Sus actividades no se detuvieron hasta que
fueron expuestas por el ufólogo Jorge Martín en su programa
de radio Ovnis Confidencial.
Sobre Puerto Rico recae la pésima reputación
de ser campo de pruebas para armas secretas experimentales que van desde
la Talidomida hasta armamento radiactivo, por lo que no fue difícil
que algunos creyeran que el chupacabras era el resultado de un experimento
genético cuya salvaje actividad había sido concebida por
el gobierno norteamericano.
Pero las teorías no terminan aquí.
Otros vincularon la llegada del chupacabras a la vieja e infundada creencia
de que en Puerto Rico existen túneles que unen la isla con territorios
continentales, especialmente con los Pirineos y Sudamérica.
Incluso se sugirió que la criatura había acudido desde el
Más Allá durante una obscura
ceremonia de santería. Esta macabra creencia tiene mayor predicamento
entre quienes han sufrido daños causados por el chupa-cabras como
si hubiesen sido víctimas de algún tipo de brujería
o maldición que perjudicara su hacienda.
No obstante, la idea más extendida
es que se trata de un ser alienígena, no en vano Puerto Rico se
ha caracterizado siempre por una gran cantidad de avistamientos OVNI, lo
que ha llevado a muchos a considerar a la isla americana como una zona
caliente del planeta.
Estas mutilaciones tendrían el mismo
origen que las que se produjeron con anterioridad preferentemente en el
Medio Oeste americano, donde numerosas cabezas de ganado aparecieron halladas
sin sangre ni glándulas endocrinas.
Esto se debería a una atrofia del tubo
digestivo de los alienígenas, lo que motivaría consumir un
preparado con la sangre y las glándulas endocrinas que absorberían
a través de la piel. Esta explicación ha sido apuntada entre
otros por Salvador Freixedo.
Los extraterrestres, mediante una técnica
genética habrían creado un animal que cumpliría la
misión de chupar la sangre.
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